Proteínas
Son esenciales para el crecimiento y el desarrollo muscular. Se obtienen fácilmente a través de carne, pescado, huevos, legumbres y lácteos, sin necesidad de suplementos en condiciones normales. Lo importante es garantizar la variedad y la calidad de las fuentes proteicas a lo largo de la semana.
Hidratos de carbono
Son la principal fuente de energía en la infancia. Hay que priorizar los de buena calidad —pan, arroz, pasta, patatas y fruta— y evitar los azúcares refinados y los productos ultraprocesados, que aportan calorías vacías y dificultan el establecimiento de hábitos saludables.
Hidratación
Debe basarse principalmente en agua a lo largo de todo el día. Los refrescos y los zumos industriales aportan grandes cantidades de azúcar y no hidratan mejor que el agua. Establecer el hábito de beber agua desde pequeños es una de las medidas más sencillas y efectivas para su salud.
Grasas saludables
Son especialmente importantes para el desarrollo del sistema nervioso. Las principales fuentes son el aceite de oliva, el pescado azul y los frutos secos —estos últimos introducidos en edades adecuadas y en formato seguro. No hay que temer las grasas saludables: son necesarias y no deben eliminarse de la dieta infantil.
Vitaminas y minerales
El calcio, el hierro y la vitamina D son nutrientes clave en esta etapa. La mejor estrategia es cuidar la calidad global de la dieta antes de recurrir a suplementación. Una alimentación variada y equilibrada cubre en la mayoría de los casos todas las necesidades micronutricionales de los niños.